por Daniel Domínguez Z.

Cine y más


¿Qué voy a hacer con mi marido? o cómo son los adultos

Ser niño, joven, adulto y llegar a la vejez son periodos de la vida que tienen tránsitos particulares, pues a todos nos provocan sueños, ansiedades y preocupaciones, entre otras experiencias emocionales.

Ni hablar de los cambios físicos que traen consigo la edad. Lo que antes era lozanía, después se vuelve un papel arrugado, por ejemplo.

Esto lo sabe el cine, no tanto lo de la etapa arrugada, sino que en su delirio de darle etiqueta a todo, producen películas que representan a sectores específicos de la audiencia, y lo han hecho con tanta astucia, que hasta los ha convertido en subgéneros.

Por ejemplo, cada cierta cantidad de meses se estrenan películas para un público mayor de 55 años, y sus protagonistas tienen precisamente ese rango de edad, o aún más, y los argumentos, se supone, reflejan los intereses de ese sector de la audiencia.

Casos recientes han sido la francesa Tres veces veiente años, la inglesa El exótico hotel Marigold, la austríaca Amor y la estadounidense ¿Qué voy a hacer con mi marido?

La última cinta tiene a dos actores respetados como protagónicos: Meryl Streep, Tommy Lee Jones, a quienes acompañan colegas con un poco más jóvenes en como secundarios, pero igualmente solventes como Steve Carell y Elisabeth Shue.

A este elenco le tocó trabajar con el director David Frankel, quien se formó en la pantalla chica firmando algunos episodios Sex and the City, De la Tierra a la Luna, Hermanos de sangre.y Entourage.

Al trasladarse al séptimo arte, Frankel ha firmado largometrajes como El diablo viste de Prada, Una pareja de tres y El gran año.

Frankel rueda a partir de un guión de Vanessa Taylor, quien prefiere caer en los lugares comunes, o en apariencia obligatorios cada vez que escribes sobre seres que superan las cinco décadas: adulterío o rendimiento sexual.

Hubiera sido tan interesante si Taylor decidiera  desarrollar otros conflictos como la soledad, la intranquilidad de no tener una seguridad económica de tu lado, la distancia que se ha registrado con tu familia, en particular, entre los miembros más jóvenes, entre otros temas más terrenales.

Otro desacierto de Frankel, es empujar una comedia dramática cuando este filme pedía a gritos ser un drama con algunos momentos divertidos.

Más allá de eso, ¿Qué voy a hacer con mi marido? se deja ver y disfrutar.

¿Es correcto filmar películas para determinados sectores de la sociedad? ¿El cine tiene una sola edad y un público único? ¿Qué tal les pareció esta película?

Comments

4 Respuestas a “¿Qué voy a hacer con mi marido? o cómo son los adultos”

  1. ricardo dice:

    El cine no deberìa tener edad. A veces se comete el error de clasificar las peliculas segùn la edad, lo que aleja a los jòvenes del buen cine y encasillarlos en las pelìculas simples, o mejor dicho sagas (crepùsculo, narnia,etc.) y no se le ofrece un producto de calidad para despertar su interès en determinado tema, y termina asistiendo al cine para estar con su pareja. Pero asì es Hollywood. Nos vemos.

    • ddominguez dice:

      Pues sí, Ricardo. Hollywood le encanta convertir en áreas a los espectadores. Entiendo lo del mercadeo, lo de vender un producto, pero esa estrategia como que le quita algo de magia a las películas porque como que están muy pensadas en cómo venderlas y no tanto en qué contar. Saludos

  2. Fernando Alonzo dice:

    Buenas Tardes Daniel. Aún no he visto la película, sin embargo debo decirte que eso es el resultado de querer ponerle etiquetas a todo, el cine como expresión de arte es solo una visión, la visión del Director quien a través del lente y con la ayuda de los protagonistas nos cuenta una historia. Eso simplemente, como bien lo dijeron es el marketing lo que encasilla la historia. En cuanto al subgénero de edad, bueno uno siempre supone que con protagonistas de tanta experiencia debe haber buen material, pero no siempre sucede.

    • ddominguez dice:

      Qué te puedo decir, Fernando. Los productores y los expertos en mercadeo en Hollywood usan las etiquetes en el cine desde principios del siglo XX y cada vez más crean nuevas divisiones. Es una forma de controlar un negocio tan difícil de controlar como es el gusto cambiante del público. Saludos

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