por Daniel Domínguez Z.

Cine y más


Se acaba el mundo

La actriz Noelia Vittori es una de las protagonistas de la obra 'Vamos a darnos con todo, mi amor, que el fin del mundo ya está aquí'. Foto: CORTESÍA/Kat Yurchenko

Señores, el planeta Tierra va de salida. Su fecha de vencimiento será en diciembre venidero. Eso es lo que algunos han interpretado a partir de una serie de profecías mayas.

Por si acaso sea cierto o alegrándose que sea mentira, hay una obra que analiza el asunto desde la irreverencia: Vamos a darnos con todo, mi amor, que el fin del mundo ya está aquí.

Esta pieza es una creación colectiva. Su texto se concibió a partir de las ideas tanto del elenco estable (los actores Winnie T. Sittón, Noelia Vittori y Ariel Gigena), así como de los aportes de los invitados que los acompañan cada semana: el intérprete Agustín Clement (8 al 11 de noviembre) y los cantautores Javier Medina Bernal (16, 17 y 18 de noviembre), Leonte Bordanea (del 22 al 25 de noviembre) y Carlos Méndez (del 29 de noviembre al 2 de diciembre).

En opinión de Winnie T. Sittón, siempre es una delicia hablar sobre el fin del mundo, “más en un lugar como Panamá donde no hay industrias del espectáculo tipo Hollywood, que alimenta el imaginario colectivo y colocan virtualmente a los ciudadanos de Estados Unidos y el mundo ante situaciones apocalípticas”.

Lo que puede ver el público en la sala Mojica del teatro La Quadra hasta el 2 de diciembre es un espectáculo teatral compuesto de monólogos, improvisaciones, canciones y números de stand up comedy (comediante en vivo).

Es, además, el regreso de Sittón a la actuación, un oficio que había dejado de lado para concentrarse en la dirección teatral y el periodismo. Su última participación como intérprete en Panamá fue en Aquí no paga nadie (2003), de Darío Fo, dirigida por Daniel Gómez Nates.

¿Qué harías si en diciembre todo termina?

Uno de los chistes del show es que yo sobreviviré al cataclismo final, y mi misión será repoblar la tierra. No sé si es bueno o malo para la humanidad, jajajaja, pero alguien lo tiene que hacer.

Si todo acaba, ¿qué rescatarías de valor hecho en Panamá?

Un diablo rojo.

¿Qué te impulsó a regresar a la actuación?

La posibilidad de la muerte, sin duda, aunque regresar a la actuación es un deseo latente, una idea recurrente. Pero si la hecatombe final ocurrirá en serio, nada más tentador que actuar antes de morir.

¿Cómo te describes como teatrista?

Es un poco raro definirme como actor, director o dramaturgo, porque soy un poco de las tres. Ahora imagínate si le agregamos el rollo de ser periodista, ¿no? Nunca he podido despojarme del actor que hay en mí, aún sigo diciendo textos frente al espejo del baño cuando voy a cepillarme los dientes.

¿Con anterioridad te habías enfrentado con el monólogo?

Más afuera que acá, durante mis estudios en España o los años que viví en Argentina. Nada en profundidad; honestamente, el monólogo sigue siendo un bicho raro para mí.

¿Qué exigencias pide el monólogo?

Para la actuación la gran diferencia es la dinámica de interacción, ya no con el compañero, sino con el público. El monólogo está más consciente del relato, de la luz y del silencio del público; más desamparado, quizás, porque si se te olvida la letra nadie te la va a soplar.

¿Por qué los ´stand up comedy´ no son frecuentes en el istmo?

Los panameños –en general, como sociedad- tienen poca capacidad del ridículo y no son muy dados a reírse de ellos mismos. Por el contrario, se toman demasiado en serio. El panameño es muy formal y correcto; y el humor de pie tiene una alta cuota de desfachatez e ironía; es corrosivo y políticamente incorrecto. Esta es una sociedad muy reprimida, la gente simplemente no habla.

¿Cómo ha sido el entrenamiento de Méndez, Medina y Bordanea?

No ha habido entrenamiento, es un show bien live. Intencionalmente, además. Cada semana vemos qué ocurre con cada invitado. Es una sorpresa hasta para nosotros mismos. La idea no es hacer de ellos unos actores, sino que se prueben en la actuación a ver cómo les va. Total, yo tampoco soy Marlon Brando.

¿Las historias que cuentan los invitados son previamente escritas?

Clement participó con un monólogo suyo que escribió para la obra Pene a la carta II, el nuevo menú. Leonte tiene preparado un personaje que le viene dando vueltas en la cabeza y hace rato quiere probar. Con Javier y Carlos el trabajo ha sido más en conjunto. Yo a todos los dejo libres, que aporten lo que quieran o se atrevan a hacer.

¿Cómo ha reaccionado el público con la improvisación?

Hemos tenido muy buena reacción del público, afortunadamente. Yo, por ejemplo, canto un par de temas en el show y hasta el momento nadie me ha tirado nada ni se ha ido de la sala. Por el contrario, en una función me aventaron un sostén y un calzoncillo. ¡Todo un honor!

¿Cómo maneja la audiencia la incorrección política del montaje?

Lo disfruta y se ríe con nosotros. Si alguien se ofendió, nadie nos lo ha dicho. Panamá necesita esos espacios de locura, esos chispazos de delirio donde se hable y piensen esas cosas que nadie más está diciendo. Pero no lo digo desde la valentía, sino porque hace falta la informalidad y la contracultura para poder seguir adelante. Si no, la vida se hace insostenible y miserable.

¿Qué opinión les merece eso del fin del mundo en diciembre? Por otro lado, ¿piensan que el panameño promedio le tiene miedo al ridículo? ¿Creen que los istmeños somos demasiados serios?

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